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Bella y la Bestia

13-05-2013 · Sara Gibbings

Parece mentira que a estas alturas en una ciudad tan cosmopolita como la nuestra aún quede una rara especie masculina que no ha pisado un spa en su vida ni que jamás se ha hecho un tratamiento de belleza, a parte de cortarse el pelo. Un hombre que piensa que las pinzas de depilar sirven para reventar granos y que depilarse es una forma de tortura (aunque en eso lleva parte de razón), y que preferiría embadurnarse de alioli antes que usar crema hidratante.

Su idea de estar es forma es jugar un partidillo de fútbol de uvas a peras con los amigos, y su idea de hacer dieta es dejar de comer dulces y sustituirlos por carbohidratos, a los que es adicto, especialmente a las patatas fritas.

Estoy hablando del Macho Irlandés. También llamado homos pintus unfitus.

Y yo estoy casada con él.

¿Qué ocurre cuando sacas a un homos pintus unfitus (a partir de ahora HPU) de su hábitat natural y lo obligas a acercase a su lado más metrosexual?

Mi encantador HPU me regaló una smartbox para mi cumpleaños para pasar tiempo los dos solos, y cogí hora para hacernos un masaje en una cueva de sal maravillosa en Haloflot. Mi marido estaba un poco asustado pero se esforzaba  en disimularlo; no paraba de preguntarme cómo iba a ser el masaje y yo de asegurarle que iba a ser muy relajante. Pero creo que no estaba muy convencido.

Sara y RogerLlegó el día señalado, y se pasó toda la mañana probándose calzoncillos “para dar buena impresión”, me decía. No quise ni preguntar a quién quería impresionar, sabía que no a mí.

Haloflot (C/Arago, 371), tiene una entrada muy discreta y casi pasamos de largo. Entramos y nos recibieron dos chicos muy musculosos, tan taciturnos y solemnes que parecía que estábamos en un capítulo de Los Soprano. HPU tragó saliva. Estoy convencida que se pensaba que estaría lleno de Barbies. No podía disimular mi sonrisa.

Nos llevaron a una sala que olía a sal donde había dos camillas de masaje preparadas. La iluminación era tenue y la decoración suntuosa. En el techo había una proyección preciosa del universo y se movía como si estuviéramos en un planetario. La música ambiente era relajante y nos transportó al Nirvana, cuando nos dijeron que nos desnudáramos y que nos estiráramos boca abajo. Volvió a tragar saliva.

A mí me tocó el chico más mayor. Me recordaba a Paul Sorvino y tenía unas manos enormes. No podía evitar pensar que como se enfadara conmigo, me podía partir en dos como si nada; (luego me enteré que se llamaba Javi y que era encantador). HPU emitió un grito ahogado y se tumbó bocabajo.

Después de media hora de una paliza divina, nos dimos la vuelta y miré de reojo. Estaba muy serio. “¿Estás bien cariño?, le pregunté, y me contestó con un “Mmmmm” largo y lento. ¿Estaría funcionando el masaje?

“Estoy tan embadurnado de aceite que no me puedo ni poner los vaqueros”, refunfuñaba.”¿Pero te ha gustado?” le pregunté. “Ha sido interesante…  no tenía ni idea que tenia tantos nudos en el cuerpo”.

Dimos las gracias y nos despedimos.  Cuando nos dirigíamos hacia el Paseo de San Juan, HPU suspiró y  espetó “me siento muy suave y blandito”.

¿Tal vez era el inicio de una nueva etapa? ¿Mi marido dejaría de ser el irlandés tradicional para convertirse en un experto en exfoliantes? ¿A partir de ahora se llevaría de viaje crema hidratante en la mochila? ¿sabrá diferenciar los ácidos Alfa Hidróxidos del Ácido Aminobenzoico?

Teniendo en cuenta que al poco rato ya estaba engullendo una hamburguesa, una ración de patatas fritas y una cocacola, y que después fue a ver G.I Joe, dudo que se hubiera acercado demasiado a su lado más saludable y femenino; pero me juego algo a que el año que viene me regalará lo mismo para mi cumpleaños.

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