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Formándote

24-09-2013 · Sara Gibbings

De vez en cuando escribo cartas a mis hijos. No para que las lean ahora ya que son demasiado pequeños para entenderlas y sólo quieren jugar con dinosaurios y coches, pero para que las lean cuando sean mayores, cuando sean adolescentes y necesiten consejos o incluso cuando ellos mismos sean padres.

Mi hijo mayor, de tres años, acaba de empezar el colegio y aquí está lo que le escribí en su primer día. Creo muchos de vosotros os sentiréis identificados con esto.

“Querido Adam ,

¡Hoy ha sido gran día! Tu primer día de colegio.

Llevábamos mucho tiempo preparando este día; comprando uniformes, visitando la escuela, explicándote cómo iba a ser todo. Pero no hay nada que realmente pueda preparar a un padre o una madre y a un hijo para los nervios y la emoción del primer día.

Cuando seas mayor es posible que no recuerdes el día de hoy. El día que empezaste a vivir tu propia vida, que comenzaste a labrarte tu propio camino en este mundo pero lo llevaste tan bien, con tanto estilo y tanta valentía que quiero explicártelo a continuación por si alguna vez necesites recordarte a ti mismo lo fantástico que eres.

Nos hemos levantado pronto – a las 6:45 de la mañana – para no tener que ir con prisas. Además tenías muchas ganas de vestirte y estrenar los pantalones cortos azules y la camiseta y los calcetines amarillos. Estabas guapísimo, y por supuesto, te hemos hecho las fotos de rigor.

AdamMientras desayunabas una tostada con jamón y queso en tu silla, le has dicho a tu hermano pequeño ” Dani, tú no puedes venir conmigo al colegio. Tu aún eres un bebé y yo ya soy mayor”.

Dani te ha ignorado en ese momento pero después se ha pasado el día llorando porque te echaba de menos.

En el coche hemos estado charlando mientras estábamos parados por el tráfico de hora punta y cuando hemos llegado al colegio has empezado a correr cuesta abajo. Cuando estabas a punto de llegar te has caido y casi das con la cabeza en el suelo. Por suerte te he cogido a tiempo.

Entonces es cuando me ha entrado el pánico y he pensado“que más tarde no estaría aquí para cogerte si te cayeras” y me he arrodillado a tu lado para decirte que tendrías que cuidar de ti tú mismo porque yo no iba a estar contigo.

“Sí mamá” y tu barbilla ha temblado como si te hubiera dado un susto.

Una vez hemos llegado al colegio, tus ojos se han abierto como platos, ¡Pero esto qué es! Te he puesto la bata y te has sentado a comer el bocadillo con los otros niños madrugadores.

Mientras hablábamos con el profesor, yo te observaba, tenías los ojos muy abiertos y estabas muy callado. Estabas nervioso e intentabas entender qué era lo que estaba pasando pero no has hecho ninguna escena, ni has llorado y tampoco te has escondido detrás de mí.

Nos hemos despedido muy rápido, como cuando uno se arranca una tirita rápido, te he dado un beso en la frente y me he ido.

Una vez he salido del colegio casi me hundo. Me ha caído una lágrima mientras tu padre me abrazaba.

No he podido parar de pensar en ti en todo el día. Me preguntaba qué estarías haciendo, qué tal con los otros niños, si te gustaría la comida, si podrías ir al baño solo, si tendrías frío o calor o si estarías demasiado cansado.

Cuando has llegado a casa con tu padre tenías una sonrisa de oreja a oreja y nos has dicho que habías tenido un gran día.

Pero luego me has contado que te habías sentido solo en el patio y que habías estado llorando. Se me partió el corazón.

“Pero luego un niño y una niña han venido a hablar conmigo y me he vuelto a poner contento” me has dicho sonriendo de nuevo.

Una vez te has dormido, he llamado a mi madre y entonces sí que he llorado. Educar a nuestros hijos es muy emocionante y conmovedor. Educamos para que se vayan, para que vivan su propia vida ya desde muy jóvenes.

Estoy segura que también tendrás días malos, pero hoy ha sido un gran éxito y no solo porque te haya gustado porque que te guste es la parte más fácil. Hoy ha sido un éxito porque has empezado a tomar tus propias decisiones y ya has empezado convertirte en la persona que serás, tú mismo.

Estabas asustado pero has decidido ser valiente, te has sentido solo pero has aceptado la amistad cuando te la han ofrecido, no sabías cómo funcionaban las cosas y has preguntado y pedido ayuda; no ha sido perfecto pero has decidido aprovecharlo al máximo.

Eso es lo que hacemos en nuestro día a día pero ver como lo has hecho por primera vez ha sido realmente maravilloso y creo que me has hecho un poco más valiente a mí también.

Te quiero mucho,

S x

Sara Gibbings

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