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De rodaje en el país de la comida rápida

04-06-2013 · Sara Gibbings

Es la primera vez que voy a Texas a rodar, ¡y me encanta! La gente a la que hemos entrevistado es fantástica y las ciudades son increíblemente fotogénicas. Nuestra ruta de dos semanas por Austin, San Antonio, Dallas y Houston está llegando a su fin; y el rodaje de nuestro documental sobre seguridad y disciplina en los colegios está yendo muy bien.

Craig comiendo en TexasHemos tenido que lidiar con inundaciones, tormentas, un calor achicharrante, mucha humedad y la amenaza constante de tornados, pero tal vez el mayor peligro al que nos hemos enfrentado es mucho más insidioso; un asesino sigiloso que cada año se cobra millones de vidas de americanos. Sí, estoy hablando de la comida.

El Sur tiene fama por su dieta altamente calórica, la comida basura y la comida rápida. Por ejemplo, para desayunar se puede tomar polenta o beicon, al mediodía tacos cubiertos de queso fundido, y acabar el día cenando un bistec enorme como comería Pedro Picapiedra recubierto de salsa y acompañado de puré de patatas. Las raciones son gigantes y encima se pueden rellenar los vasos de refresco tantas veces como se quiera.

En la mayoría de restaurantes nos podemos poner las botas con una sobredosis de grasas, dulces y salados, sin embargo todo está absolutamente delicioso. Además de comer todo esto, conducen prácticamente a todas partes porque las distancias son enormes y no hay un servicio de transporte público decente. Sin duda, la obesidad prolifera sin control en el Estado de la Estrella Solitaria.

Según un estudio de la CDC, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, un increíble 65,9% de los adultos de Texas tienen sobrepeso (con un índice de masa corporal, IMC, de 25 o más) y un 27,7% son obesos (con un IMC de 30 o más). Esto significa que casi toda la población adulta tiene graves problemas de peso. Con estas cifras, no sorprende que el 27,3% de los Tejanos no haga ningún tipo de actividad física, a parte andar lo justo.

Todos sabemos la lista de problemas asociados al sobrepeso, como la diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

Bocadillo de beicon giganteSiempre que trabajo en los Estados Unidos, especialmente en el sur, tengo problemas con la comida. Soy alérgica al maíz, y los americanos usan el maíz, la harina de maíz o el sirope de maíz en casi todas sus recetas, debido a las subvenciones que reciben los agricultores de este cereal. Por eso intento evitar cualquier comida preparada. Si no me sale sarpullido por todo el cuerpo, tengo dolores de cabeza, dolor de estomago y tengo un malestar general constante.

La comida basura no me gusta demasiado, así que aunque no contuviera maíz, no es algo que comería cada día.

Es una aventura conseguir comer algo mínimamente natural y saludable, tal y como podría comprar en mi ciudad; hay poca oferta y muy cara. Aunque mientras pueda comer, a mí ya me está bien. Las autopistas y las ciudades están llenas de restaurantes de comida rápida, uno al lado del otro, donde comer hamburguesas, tacos, pizzas, patatas fritas, pasteles y golosinas y beber litros y litros de refrescos; realmente hay que hacer un gran esfuerzo para no caer en la tentación.

Trabajando y conduciendo una media de 14 a 16 h diarias, no me deja demasiado tiempo, por no decir nada de tiempo, para hacer ejercicio pero cada día intento dedicar por lo menos unos 20 minutos a hacer estiramientos de yoga, y algún ejercicio de cardio y para tonificar en mi habitación de hotel. No es mucho pero más vale eso que nada.

No me malentendáis, también he probado platos increíbles como un bistec curado untado en una deliciosa salsa barbacoa que hacía la boca agua, unas fajitas espectacular con chiles frescos y langostinos gigantes con brócoli y arroz integral. Las porciones son tan grandes que, desayunando poquito en el hotel, un poco de avena con leche y fruta o un zumo, solo hago una comida al día y pico algo ligero por la noche. Creo que la clave está en moderarse.

Dicen que en Texas todo es más grande y me lo creo; las autopistas, las casas, los coches, los centros comerciales e incluso el tiempo. Pero realmente es una lástima que la gente también sea más grande.

Sara Gibbings

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