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Mi primera carrera – Parte 1

17-09-2013 · Miguel Fabón

Una de las cosas que más disfruto desde que he perdido peso es correr. Ha sido un deporte que no entraba dentro de mis posibilidades desde que tenía 18 años y poder practicarlo me produce una gran satisfacción. Desde el primer día que volví a correr he estado fantaseando con apuntarme a una carrera popular de esas que hacen muchos de mis conocidos y que dicen disfrutar tanto. Al principio era una fantasía, a duras penas corría 5 km, tardaba 40 min en hacerlos y acababa agotado.

Ahora ya llevo 4 meses entrenando duro, desde hace un tiempo las excusas no entran dentro de mi vocabulario. Y este verano, que he estado mucho tiempo fuera de Barcelona de vacaciones, como no tenía gimnasio pero si mucho campo alrededor he limitado mi actividad deportiva a correr. De esta manera y sin darme cuenta, mi fantasía iba desvaneciéndose como tal y convirtiéndose en una posibilidad real.

T-shirt logoA final del verano me planteé seriamente tirarme a la piscina y hacer una carrera de 10k en septiembre. Ya podía correr los 10 km con cierta soltura y me hacía mucha ilusión el reto aunque al mismo tiempo me daba un cierto respeto, por no decir miedo. Estuve mirando y la primera que me encajaba era la carrera popular que organizaban con motivo de las fiestas de Poblenou, el 8 de septiembre y me inscribí.

El día antes fui a recoger el dorsal, me daba un poco de vergüenza. Un tío gordo cogiendo el dorsal para una carrera, ¿no sería pretencioso o inconsciente? Total, que después de hacer cola un par de veces volví a casa con una camiseta hortera, un dorsal que no sabía muy bien como engancharme al día siguiente y un chip que tenía que poner en los cordones de las zapatillas tampoco sabía exactamente como.

Aunque la solución para el dorsal y el chip era obvia, en aquel momento me generaban ciertas dudas, supongo que era una forma de proyectar mi inseguridad en algo concreto.

Esa noche dormí poco, estaba nervioso. Era una simple carrera popular pero tenía una inquietud casi como cuando me examiné de las oposiciones. Estaba completamente fuera de mi zona de confort, en una situación que no había vivido nunca y haciendo algo que tenía que ver principalmente con mi cuerpo. Mentalmente siempre me he sentido seguro de mi mismo pero físicamente no, al contrario.

Me embargaban las dudas y las inseguridades.

Cursa Poblenou

¿Haré el ridículo?, ¿Podré acabar?,¿No me encontraré mal? ¿Daré la nota? ¿Y si me coge flato? ¿Y si soy el último? y un largo etcétera.

Empecé a tomar conciencia de que, como en otras muchas ocasiones, mi peor enemigo podía ser mi mente. Decidí que, viniendo de donde vengo, acabar la carrera era un logro y, si pudiese hacerla en menos de una hora, sería un gran éxito. No debía olvidar que hace un menos de un año y medio me costaba agacharme para coger un bolígrafo del suelo, tanto que me daba vergüenza que me vieran mis alumnos y siempre le pedía a alguno que lo cogiera: Anda cógelo por mí, por favor, que yo ya estoy muy mayor y me duele la espalda. Lo de la espalada era para disimular aunque todos sabíamos la verdad.

Sí, no estoy orgulloso, pero de ahí vengo yo.

La mañana de la carrera me desperté cansado por culpa del insomnio. Continuará…

(si quieres saber cómo fué le fué a Miguel, no te pierdas la segunda parte la semana que viene)

Miguel Fabón
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